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04 juin 2008

La Sainte-Chapelle (espagnol)


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Edificada en seis años (1242 - 1248), la Sainte-Chapelle es ante todo la obra personal de San Luis. Fue concebida para acoger las reliquias de la Pasión, sobre todo la corona de esinas de Cristo, se supone que para entronizar, en este reslandeciente siglo XIII, el reino de Francia, que se encontraba a la cabeza de la cristiandad occidental. Fue en 1239 cuando Luis IX acordó con el emperador bizantino Baudouin II, por la exorbitante suma de 135.000 libras (el coste de construcción de la capilla sólo "llegaría" a las 40.000 libras), la compra de la reliquia, la muy apreciada reliquia de la Pasión. Dos años más tarde, otras reliquias fueron traídas de Bizancio. El conjunto fue depositado en el Palacio, en la capilla de San Nicolás, eserando que ser acogida por un marco más digno.

La Sainte-Chapelle fue consagrada el 26 de abril de 1248. La capilla superior, capilla real y lugar de exposición de las reliquias, fue consagrada por el legado del papa, Eudes de Châteauroux, y la capilla inferior, parroquia del Palacio, dedicada a la Virgen, por Pierre Berruyer, arzobispo de Bourges.
  
Durante la Revolución, la Sainte-Chapelle, símbolo de la realeza y de la religión, sufrió un deterioro importante: el mobiliario, las sillas del coro y la galería que separa el coro del trascoro desaparecieron, el órgano fue transportado a Saint-Germain-l'Auxerrois, la flecha se desmoronó, los tímpanos destrozados a golpes y las reliquias dispersadas. La mayor parte de las estatuas fueron salvadas por Alexandre Lenoir. A partir de 1846, los arquitectos Duban, Lassus y Boeswillald comenzaron importantes trabajos de restauración, y la Sainte-Chapelle volvió a recuperar todo su eslendor.

La capilla inferior fue dedicada a la Virgen, cuya estatua figura de pie en el entrepaño del portal. Sus bajas bóvedas descansan sobre finas columnas con capiteles de hojas curvas, alternadas por unos codales (piezas de madera o de piedra colocadas entre dos partes que tienden a aproximarse). Los muros están decorados con arquerías trilobuladas y con doce medallones, que representan a los apóstoles.
 

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Vista de la Sainte-Chapelle

hasta 1630

En las columnas alternan las flores de lis de Francia sobre fondo lapislázuli y las torres de Castilla en homenaje a Blanca de Castilla, la madre de San Luis. La bóveda está pintada con un cielo estrellado y el suelo consiste en unas losas funerarias que recubren las sepulturas de los tesoreros y canónigos de la Sainte-Chapelle.

En la capilla superior, la arquitectura gótica se revela en su sublime plenitud: luz, color, esacio, sentimiento de la adecuación del arte y de la fe. Fue sin duda el interior de la capilla superior el que recibió todos los cuidados del arquitecto, de los escultores y de los pintores, ya que fue esa parte del edificio la que sirvió de cofre para las gloriosas reliquias. La bóveda parece flotar por encima de las vidrieras. La masa de los contrafuertes tan considerable desaparece en el artificio de un haz de nueve columnillas, distribuidas de tal manera que el volumen de cada pilar apenas es perceptible.

Adosadas a las columnas que marcan los tramos, las estatuas de los doce apóstoles forman la decoración esculpida más importante de la capilla superior. Pertenecen a dos estilos diferentes: el primero, con sus ligeros drapeados, sus pliegues derechos, sus rostros de finos rasgos y sus cabellos de rizos aplastados, desrende un sentimiento de serenidad; el segundo grupo es testimonio de la evolución estatuaria medieval: pliegues rígidos y rotos, se caracteriza por unos rostros tratados en superficie rotunda...

La escultura de los capiteles y de las mochetas es de una variedad infinita (mocheta: superficie de un muro comprendido entre las subidas de dos arcos). El interior de la capilla esta adornado por una decoración pintada que se armoniza con las vidrieras. Las santas reliquias, compradas por San Luis habían sido conservadas en un gran relicario, magníficamente adornado, depositado en la parte superior de la tribuna con aberturas, en el fondo del ábside. Cada viernes Santo, se presentaban a los fieles. Además de la corona de esinas y una parte de la verdadera cruz, el relicario de la Sainte-Chapelle contenía otras numerosas piezas testimonio de los dos testamentos.

Durante la revolución, las reliquias fueron dispersadas. Algunas desaparecieron, otras se conservan actualmente en el tesoro de Notre-Dame y en la Biblioteca nacional. Fueron sus vidrieras las que dieron reputación a la Sainte-Chapelle: 600 m cuadrados de vidrieras - de los cuales los dos tercios son originales- ofrecen el conjunto más completo del arte de la vidriera en el siglo XII. Predominan los rojos y los azules que contrastan con los colores de la rosa occidental del siglo XV. La estructura elegante y aérea del edificio se esfuma delante del eslendor de las vidrieras, que cuentan toda la historia de la humanidad, desde su creación hasta su redención por Cristo, a través de la Biblia. Se suceden así el Génesis, el Éxodo, los Números, el Deutoronomio, los Jueces, Isaías, el Árbol de Jesé, San Juan Bautista, la historia de Daniel, Ezequiel, Jeremías, Tobías, Judith y Job, Esther, el Libro de los Reyes y la Historia de las reliquias. Cada vidriera, dividida en ojivas alargadas, se lee de izquierda a derecha y de abajo arriba. Como consecuencia de su desamortización en 1803, las vidrieras de la Sainte-Chapelle fueron depositadas en dos metros con el fin de utilizar el edificio como depósito de archivos. Fueron admirablemente restauradas en el siglo XIX.



  
El triunfo de lo inmaterial

  
Atribuida a Pierre de Montreuil, la sainte-Chapelle es una obra maestra de la transparencia. El muro desaparece en favor de las vidrieras aisladas por un haz de columnillas que suben hasta los arcos de la bóveda. Capilla palatina (palatino(a): relativo al Palacio), pertenece al tipo de las capillas privadas, construidas sobre dos niveles. El rey y sus familiares accede directamente a la capilla superior por la galería exterior, unida al Palacio. La capilla inferior estaba reservada al personal del Palacio.

En el siglo XII, el arte gótico alcanzó su perfección. El modelo arquitectónico de la Sainte-Chapelle es el de un edificio con una única nave, terminado por un presbiterio de siete paños. En el exterior, la arquitectura va a lo esencial: sobriedad del basamento y potencia de los contrafuertes se opone a la ligereza de las partes altas. Dominando la techumbre de pizarra, se yergue la flecha de madera de cedro, de 33 m de alto, obra maestra de la finura, realizada en el siglo XIX pero réplica exacta de la flecha del siglo XV.

El interior de la capilla inferior deja una impresión de misterio con su volumen bajo (6,60 m) con cuatro tramos y coro radial, sus paredes limadas por las arcadas y las columnas delgadas que soportan la bóveda y su decoración rebuscada y delicada. En contraste, el nivel superior sorprende por la simplicidad del esacio definido, invadido por la luz multicolor. Los soportes y los nervios desaparecen, la verticalidad se acentúa con un arranque de bóvedas muy alto, acompasado por las estatuas de los apóstoles. El edificio parece pequeño, muy elevado, aéreo, mientras que su altura (20,50 m) no es lo doble de su ancho (10,50 m). Todo está en relación con los cálculos sutiles del arquitecto, que acentúa el efecto de perspectiva jugando con el esesor de los nervios o la altura de las vidrieras y creando una armadura horizontal de hierro que atraviesa pilares y cruceros y coincide con las barlotieras de las vidrieras (barlotiera: elemento de la armadura metálica de una vidriera sobre la que viene a descansar el panel).
 

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Vista exterior de la Sainte-Chapelle

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